En una conversación telefónica filtrada a “Latinus”, si no es que grabada por el propio portal de noticias cuyo dueño es Roberto Madrazo Pintado, exgobernador de Tabasco, expresidente del PRI y excandidato presidencial de ese partido, se escuchó decir burlonamente sobre presuntos hechos de corrupción en el tren Maya a quien se asegura es Pedro Salazar Beltrán, primo de los hijos de AMLO: “… ya cuando se descarrile será otro pedo…”.

 

Pues ya es otro pedo, y todavía no sabemos el alcance de sus consecuencias, pues el ferrocarril ya descarriló justamente trece días después de que “Latinus” publicara la conversación telefónica presuntamente sostenida por Salazar Beltrán y Amílcar Olán, contratistas del Tren Maya y de otras obras del gobierno de la 4T que han utilizado su amistad íntima con Andy López Beltrán para ganar licitaciones públicas millonarias, según la versión del portal noticioso que dirige Carlos Loret.

 

Hasta donde se sabe, el Tren Maya de las siete de la mañana del pasado lunes 25 de marzo que iba de Campeche con destino a Cancún realizó una maniobra de cambio de vías al llegar a la estación de Tixkokob, a 20 kilómetros de Mérida. Los tres primeros carros del convoy pasaron sin problema, pero el cuarto descarriló ya que una de sus llantas no enrieló correctamente.

 

No hubo, por fortuna, daños mayores ni, mucho menos, personas lastimadas. Sí se puso en riesgo su integridad con el incidente. El propio López Obrador ofreció una investigación minuciosa y profunda (más le vale), aunque descartó que la falla tuviera que ver con hechos de corrupción (mala calidad de materiales o errores de diseño de los contratistas) y se inclinó más por un error humano en la realización de la maniobra e incluso por una acción mal intencionada.

 

Es un hecho que ni el Tren Maya ni ninguna otra de las llamadas obras emblemáticas de la 4T como el AIFA, el ferrocarril Interoceánico o la refinería de Dos Bocas hubieran podido concluirse en los plazos comprometidos sin la obstinación de la que tanta gala hace López Obrador. Eso le permitió remontar obstáculos relacionados, en el caso del Tren Maya, con estudios de impacto ambiental (que por cierto se han mostrado públicamente, aunque no a satisfacción de organizaciones defensoras del medio ambiente), amparos contra expropiaciones, protestas varias y catastróficos vaticinios. Pero también le generó inconvenientes: retrasos en los planes maestros de la obra, prisas para cumplir con los plazos de entrega y sobrecostos.

 

Todo esto le abrió paso a la opacidad y a la corrupción, y a decisiones equivocadas tomadas al respecto. Un claro ejemplo fue el haber reservado por cinco años, aduciendo increíbles motivos de seguridad nacional, la información sobre el costo de la obra. Sus críticos lo estiman en 500 mil millones de pesos, tres veces más que el presupuestado. No hay manera, por lo pronto, de desmentirlo o confirmarlo. La información está reservada y con ello la sospecha sigue suelta.

 

Las prisas, por otra parte, siempre causan daño a la eficacia y le abren la puerta a la corrupción. Eso es un hecho y ahí es donde le rascan organizaciones anti-AMLO como “Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad” del empresario Claudio X. González Guajardo, articulador de la alianza electoral entre PAN, PRI y PRD.

 

Una de sus investigaciones asegura con base a una auditoría del Órgano de Control Interno (OCI) del FONATUR (fondo encargado del proyecto hasta su adjudicación a la empresa de participación estatal mayoritaria “Tren Maya S.A. de C.V.” administrada por militares) que, de 17 mil 849 rieles verificados, 98% (17 mil 477) medían los 80 pies exigidos en el contrato, pero en el otro dos por ciento había 40 rieles de 78 pies y 332 de 76 pies. Deberán ratificarlo y corregirlo o, en su caso, desmentirlo.

 

Es enfermiza, por lo demás, la aversión al Tren Maya mostrada por no pocos ciudadanos, sobre todos los que abiertamente repudian cualquier cosa que haga o diga AMLO. No se cuestionan aquí los argumentos serios de quienes defienden el medio ambiente, advierten sobre hechos de corrupción o exigen saber el costo de una obra realizada con recursos públicos. Sí se cuestiona, por el contrario, el repudio clasista de muchos otros a una obra de infraestructura pensada para detonar desarrollo en el históricamente marginado sureste del país, pero a la que jamás le vieron posibilidades de ser redituable, sore todo por no ser negocio de ellos.

 

Urge que el gobierno de la 4T ofrezca una explicación verosímil de lo ocurrido, garantice la absoluta seguridad operativa del Tren Maya y desvanezca todo tipo de dudas sobre eventuales actos de corrupción en la obra.

 

La opinión pública ya no digeriría otro accidente como el ocurrido la noche del 3 de mayo de 2021 cuando colapsó una parte del tramo elevado de la Línea 12 del Metro con saldo de 23 fallecidos y decenas de lesionado.

 

Menos aún otro descarrilamiento con muertos del Tren Maya. Un hecho así o parecido sería el descarrilamiento de Morena en la elección presidencial.

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@RaulRodriguezC